Uruguay obtuvo en 2007 en Río de Janeiro la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos llevados a cabo en esa ciudad, siendo el último logro importante del básquetbol nacional a nivel de selección. Repasamos aquel torneo con gusto a hazaña en “Más de un siglo de historia”

Y era algo que estaba en el debe, pero llegó: tras vencer en aquel recordado partido a Argentina la celeste lo logró por primera vez en catorce ediciones de la competencia continental.

El combinado charrúa era dirigido por Alberto Espasandín y asistido técnicamente por Gerardo Jauri, actual entrenador de Defensor Sporting, que años más tarde fue técnico principal del seleccionado. Los jugadores fueron:

Bases: Martín Osimani, Gustavo Barrera y Fernando Martínez
Escoltas: Nicolás Mazzarino, Leandro García Morales, Juan Pablo Silveira
Aleros: Mauricio Aguiar y Emilio Taboada
Internos: Esteban Batista, Gastón Páez, Claudio Charquero y Sebastián Izaguirre.

Las chances de obtener medalla, en lo previo, no eran tan descabelladas teniendo en cuenta que las demás selecciones, varias de ellas, no llevaban su principal equipo. Y cuando eso sucede y Uruguay va con lo mejor que tiene, las distancias se acortan y se hace más viable la posibilidad de pelear objetivos importantes. Parecía ser la ocasión.

Con esa esperanza se trasladó la delegación para disputar los Panamericanos. Los mismos se desarrollaron del 13 al 29 de julio mientras que el básquetbol se jugó del 20 al 29 de ese mes en el Estadio Arena Multiuso. La sede vale la pena mencionar que fue la misma que albergará este año los Juegos Olímpicos del 5 al 21 de agosto.

Participaron ocho selecciones que se dividieron en dos series de cuatro cada una. Clasificaban para las semifinales los dos primeros de cada grupo. Los mismos se enfrentaban en forma cruzada, o sea el primero de la zona A contra el segundo de la B y viceversa. Los ganadores pasaban a la final por el oro y los perdedores se medían en el partido por el bronce.

Uruguay quedó emparejado en el grupo B junto con Estados Unidos, Argentina y Panamá mientras que del otro lado estaban Brasil, Puerto Rico, Islas Vírgenes y Canadá. No era una serie fácil más allá de que los albicelestes y los norteamericanos no llevaron su mejor potencial. Los panameños en tanto se vislumbraban como el adversario más débil.

Fase de Grupos:

El debut fue contra Estados Unidos. En condiciones normales y ambos con todo su plantel ni al más optimista uruguayo ni al más pesimista estadounidense se le pasaría por la cabeza ni la más remota chance de una victoria celeste. Pero lejos estuvo el combinado norteamericano de jugar con sus estrellas de la NBA sino que presentó un cuadro universitario.

Aun así eran favoritos pero Uruguay dio el batacazo derrotándolos 81 a 72 con Esteban Batista como máximo artillero con 25 puntos para quien luego defendiera los colores de Atlanta Hawks siendo el único basquetbolista criollo de la historia con pasaje por la mejor liga del mundo.

La segunda presentación marcaba clásico rioplatense. Fue un gran match donde finalmente el punto se fue para el otro lado del Río de La Plata por 71 a 69. No alcanzó el gran partido de García Morales y Batista con 18 anotaciones. Sin embargo, a la hora de la verdad y con el tiempo esto tendría revancha y el desenlace iba a ser diferente.

No así parecía sentirlo Román González, el experimentado jugador argentino pero a la vez caracterizado por ser muy pesado y provocador. Después del encuentro, el ex Aguada y también con pasaje por Welcome, declaró: “contra Uruguay cuando jugamos por los porotos ganan ellos pero cuando lo hacemos por los puntos hemos demostrado ser muy superiores”. El tiempo no le daría la razón.

El último partido marcó un éxito ante Panamá por 76 a 68 con Nicolás Mazzarino como máximo romperredes con 27 tantos. De esta manera se logró la clasificación en el segundo puesto con dos victorias y una derrota detrás de Argentina que terminó invicto. En tanto Brasil y Puerto Rico avanzaron por el otro lado.

Ronda final y podio:

Los cruzamientos llevaron a toparse con los locales en semifinales. Parada más que complicada ante una selección brasileña que además de la localía y el apoyo del público, contaba con jugadores de la talla como Marcelinho Machado, Vaitinho y Murilo que la ponían como la gran candidata no solo a llegar a la final sino también a lograr la medalla dorada.

Por momentos el trámite fue parejo. Uruguay llegó a igualar en 43 y hasta ponerse a un doble en el último cuarto pero luego pudieron más todos los factores mencionados anteriormente y no hubo posibilidad de ahogarle la fiesta al anfitrión que ganó por 85 a 73 y mandó a los comandados por Espasandín a jugar por el tercer puesto.

El mayor anotador celeste fue Nicolás Mazzarino con 19 conquistas. Había quedado trunca la chance de la final pero la de la medalla seguía intacta y la ocasión era al día siguiente.

Nuevamente aparecía Argentina que había caído ante Puerto Rico por 89 a 80 en la otra semifinal. Era un encuentro muy especial como siempre. La disputa de una medalla, la gran rivalidad entre ambas selecciones, el resultado de la ronda inicial y la mencionada frase de Román González al final de la misma le ponían un gran condimento al clásico.

El trámite no empezó nada favorable ya que los albicelestes llegaron a tomar más de 20 puntos de distancia pero de la mano de Leandro García Morales y Fernando Martínez como líderes llegó la reacción uruguaya para ponerse a tiro.

El desenlace fue incierto hasta el final cuando restaban 1.5 segundos. Era derrota por tres tantos y Mazzarino tenía dos libres. Era tirar a embocar el primero y a errar el segundo para atrapar el rebote y meterla y así forzar el alargue. Y se dio: el actual jugador de Malvín encestó y erró y tras marrar el segundo Sebastián Izaguirre la cacheteó y la mandó a guardar para llevar a la prórroga en 81.

En ella Uruguay fue superior y con un parcial de 18 a 12 cerró el encuentro a su favor con un score final de 99 a 93 para desatar la algarabía de todo el plantel, cuerpo técnico, dirigentes y de tres millones de uruguayos.

El baloncesto y el deporte nacional estaba de fiesta con la alegría de ver la blusa color cielo nuevamente en un podio, sonaba el himno nacional en la ceremonia de premiación y los jugadores emocionados recibían sus premios.

El oro fue para Brasil que derrotó claramente en la final a Puerto Rico por 86 a 65 haciendo que el título se quedara en casa. De esa forma los norteños aparecieron en lo más alto seguidos de los boricuas e inmediatamente por detrás, la celeste.

Fue el último logro importante conseguido a nivel de selecciones mayores. Desde el Sudamericano de Maracaibo 1997 que no se gana un título. De todas formas dentro de esta gran sangría fue un hecho que se festejó casi como si fuera un campeonato.

Y lo más resaltable es lo que significó porque se obtuvo algo a lo que nunca se había llegado por lo que fue nada menos que escribir una página nueva y gloriosa en la historia del segundo deporte más popular del país.

A los 13 Sudamericanos, los dos bronces Olímpicos, el sexto puesto de Los Ángeles 1984 y algunas conquistas o actuaciones destacadas a nivel de clubes se le sumó este bronce panamericano siendo hasta esa fecha, un logro que faltaba.