El club del barrio volvió a primera y su gente festejó hasta el amanecer con camisetas de Racing y alguna canción de Contrafarsa sonando a lo lejos.

Sayago -el barrio- es especial, quienes lo habitan tienen un sentido de pertenencia increíblemente sentimental con lo suyo. Es un barrio que contiene las tres pasiones más grandes del poblador uruguayo: fútbol, básquetbol y carnaval.

Racing, Sayago y Contrafarsa son insignias que los “Sayaguenses” se muestran como trofeos y sienten el orgullo de identificarse con este tipo de muestras deportivas y culturales.

En lo que a básquetbol refiere, el club históricamente fue un equipo de divisionales de ascenso. Comenzó a torcer la historia cuando llegó a la Liga Uruguaya en 2004. A partir de ahí fue todo crecimiento y se instaló en la máxima divisional, siendo protagonista, a su forma.

Se fue la temporada pasada, pero el regreso duró poco. Solo ocho meses bastaron para olvidar el trago amargo y volver a ser de primera. Algo que hace una década podía costar años de trabajo, hoy lo lograron en un abrir y cerrar de ojos.

Anoche su gente copó la tribuna que se le asignó en la cancha de Aguada. Mucho color y aliento constante para terminar fundidos en un abrazo con el libre de Matías Lado que sentenció la historia, mientras alguna lágrima caía casi sin querer.

La noche fue larga, se cortó la calle y por la vía no pasó ningún tren. Banderas, vengalas y las botellas que brindaron hasta el cansancio. Camisetas rojas características, y también varias verdes y blancas mezcladas entre la gente, con alguna retirada de Contrafasa sonando de fondo se llegó hasta el amanecer, que fue distinto al de ayer, hoy Sayago nuevamente es de primera.