Ni un descenso frenó el proceso de Horacio Perdomo al mando de Sayago que volvió a la Liga Uruguaya tras ocho meses de ausencia.

Proceso es palabrita famosa, que utiliza cada dirigente a la vez que un nuevo entrenador llega a un club para comenzar un año de trabajo. Todos hablan de “procesos”, pero muy pocos los respetan. Son contados con los dedos de una mano.

Los resultados deportivos y la inmediatez por conseguir las cosas hacen que un par de resultados adversos cambien la idea de trabajo y el sustento teórico planificado. En varias oportunidades se actúa más con el corazón del hincha que con la razón de un director.

Sayago tuvo la virtud de continuar su camino a pesar del descenso. En el deporte resultadista que vivimos, bajar de categoría es el sinónimo más grande de fracaso que pueda existir. La dirigencia tuvo la valentía de confiar en lo que se estaba haciendo, y seguir transitando aquello que le dio 10 años de alegría en Liga Uruguaya.

El mismo entrenador, casi el mismo plantel -con un par de retoques-, y la misma confianza en que Sayago podía volver al principal torneo del básquetbol nacional sin tirar cimientos construidos durante tanto tiempo. Bancar el proceso, una vez más, fue causante de cumplir objetivos.

Los de Ariel y la vía, junto con Malvín y Defensor Sporting, tienen la política de respetar procedimientos de laburo como bandera. Mientras los copetudos se armar para definir la Liga, al “Saya”, con otra escala económica, también le funciona para conseguir lo que se propone.