Stockolmo no consiguió el ascenso pero vivió un año excelente que hizo recordar que su gloriosa historia todavía tiene tela para cortar.

Los últimos años de Stockolmo no fueron buenos, atrás quedó la época gloriosa, con aquel título Federal de 1954 como insigna de un club referente que marcó momentos del básquetbol uruguayo.

Los más jóvenes sabían la historia, la escucharon, la imaginaron, pero nunca supieron a ciencia cierta como era vivir aquello. No vale comparar esta campaña con gestas de antaño, a pesar de que tuvo algo en común: el barrio volvió a vibrar atrás de una camiseta azul, como hace tanto tiempo no lo hacía.

Años con economía complicada que incidieron directamente en lo deportivo. La realidad lo obligó a jugar DTA y, a veces, ni siquiera arrancar como candidato en un torneo que le quedaba chico a tan grande institución. De a poquito se fue construyendo el retorno al Metropolitano, donde se afianzó como un equipo de mitad de tabla.

Este año, con la conducción de Alejandro Santerini por segunda ocasión, se armó como pudo y “los que sabemos” veíamos imposible que peleara por otra cosa que no fuera mantener la categoría.

El entrenador conformó un grupo homogéneo donde cada uno se adaptó a su rol y lo practicó a la perfección. El aspecto colectivo e individual hicieron la conjunción ideal que alimentó el sueño.

Transcurrió el certamen y Stockolmo nunca se quedó. Siempre dio pelea. No paró de conmover a propios y extraños con su juego vistoso. En los Playoff no le dio. Se cruzó ante un gran rival que con más experiencia decidió mejor en finales cerrados.

Seguramente hoy gane la amargura por no poder concretar eso que estuvo tan cerca. Pero el paso de las horas y los días, van a engrandecer una campaña que no tiene nada criticable y solo ganó razones para recibir elogios.

Este Stockolmo va a quedar grabado para siempre, solo los resultadistas se podrán apoyar en el nefasto “no ganó nada”, sin darse cuenta que ganó mucho más que un ascenso. El barrio volvió a vibrar atrás de una camiseta azul, sus hinchas más jóvenes disfrutaron una porción de la rica historia de su club y al fin entendieron porqué a sus padres y abuelos se les llenaban los ojos de lágrimas cuando recordaban “aquellas campañas” de la “S” del Prado.