Las casualidades marcan que el nombre del club coincide con la principal característica que tuvo el equipo para contrarrestar todas las adversidades que le sucedieron en el año y lograr el objetivo.

No fue una temporada facil para Unión Atlética, seguramente cualquier otro equipo con los mismos problemas que tuvo que afrontar el azulgrana terminaba sin cumplir su objetivo. Pero este plantel siempre sacó fuerzas de donde no había pra revertir todo lo que estaba enfrente.

Fue por Dobbins como extranjero, un jugador probado que estaba en Argentina. Su equipo llamativamente comenzó a avanzar en los Playoff, complicando los plazos, para colmo, en uno de sus últimos juegos del otro lado del charco sufrió una lesión que lo dejó afuera del Metropolitano.

Primero con Nicolás Lauría y luego con Kristian Clarkson, la UA debió reconstruir y acostumbrarse a distintos tipos de jugadores, con un plantel que se había armado para tener un cinco dominante en la llave. Ambos foráneos con su clase fueron supliendo carencias y aportaron en gran manera al logro.

Andrés Ferrés es una garantía en esta clase de torneos, casi no jugó, por un maldito desgarro que costó recuperar mucho más de lo pensado. A eso se sumó la lesión en la rodilla de Gonzalo Balbuena en el partido de la primera ronda ante Sayago, el azulgrana perdió el cerebro, el organizador de juego, quien manejaba los tiempos, otra baja fundamental.

Como si todo esto fuera poco, en el cierre, el esguince de Clarkson y la lesión de Semiglia parecían dejar al Unión Atlética definitivamente desintegrado, pero los jugadores tuvieron la muestra de valor de presentarse en cancha y rendir olvidando dolores y lesiones.

La unión fue todo, siempre se intentó revertir el problema, hubo más soluciones que quejas, los de afuera apoyaron, los de adentro le pusieron el pecho. Nunca dejaron atrás el objetivo y siempre fueron en busca de lo que querían. El compromiso con devolver a la institución a la Liga Uruguaya fue más fuerte que cualquier tipo de problema sanitario.

¡Salud Unión!