La hinchada de Unión Atlética dejó años de sufrimiento para unirse en un grito conjunto de felicidad en la vuelta del azulgrana a la Liga Uruguaya.

Siempre fue una de esas hinchadas que da placer ver. Fiel, seguidora y con una particularidad especial en la creación de sus canciones. Es de las más originales e impone color en cada recinto que le toca visitar.

De un tiempo a esta parte, sobre todo con el comienzo de siglo, hubo una revolución en Nuevo Malvín, la parcialidad se hizo muy numerosa siendo uno de los equipos del básquetbol uruguayo que más gente arrimaba a las canchas.

Esa gente se fue acostumbrando a pelear cosas importantes, si bien nunca llegó a una final, o a ganar una Liga, en reiteradas ocaciones estuvo en la definición. En los últimos años se dieron los golpes más duros. Desde aquella serie increíble con Bohemios cuando había olor a título en la calle Velsen todo se vino abajo. La temporada siguiente la institución descendió y en su primer Metro perdió el juego clave con Tabaré, quedando en la puerta.

La hinchada siempre estuvo, nunca desapareció. Y, como dicen ellos, fueron el jugador número 6. Este torneo fue el premio a tanto sufrimiento, coronado en dos noches especiales en el gimnasio de Aguada, donde colmaron una de las tribunas más grandes que tiene el país.

Esta vez el final fue el que fueron a buscar, terminaron festejando, abrazados, delirando de alegría y con lágrimas en los ojos. La noche en Velsen se hizo larga, la locura se desató en las cercanía a la plaza de los olímpicos. Lo merecían.

Hoy el barrio amaneció distinto, con esa mezcla de felicidad y tranquilidad de saber que volvieron a su lugar; Unión es de primera, una vez más.