Uruguay obtuvo en 1995 en Montevideo el título Sudamericano, en su edición número 36, siendo la última vez en lograrlo como anfitrión de la cita.

Así como la selección de fútbol fue la organizadora y campeona de la Copa América, el segundo deporte más popular no se quedó atrás y tuvo el orgullo de traer el torneo a suelo uruguayo y ganarlo. La última consagración había sido en 1981, también actuando de locatario.

El desaparecido Cilindro Municipal se vistió de fiesta del 27 de mayo al 3 de junio para recibir a la celeste y a las diferentes selecciones que llegaron para participar del evento, que fueron: Argentina, Brasil, Venezuela, Chile y Paraguay.

Uruguay siempre concurre a estos certámenes con el objetivo y la intención de ser protagonista. Y había argumentos para pensar que el título era posible: el hecho de jugar en casa, con el público a favor y un gran plantel, hacían alimentar la ilusión de cortar la amplia sequía de catorce años sin obtenerlo.

Brasil, Venezuela y Argentina eran los otros candidatos, aunque la albiceleste no vino con su principal plantel por lo que figuraba un escalón por debajo.

Y así, con mucha expectativa el Cilindro se preparó para albergar nuevamente un Sudamericano. Con la fe intacta y las ganas de que el público disfrutara el evento y viera a la celeste una vez más en el primer escalón del podio. Fueron siete jornadas con mucha actividad, a puro básquetbol y con gran marco de espectadores, sobre todo en los partidos de la selección uruguaya.

Desarrollo del torneo:

El formato de disputa marcó una Primera Ronda donde los seis seleccionados disputaron una liguilla en régimen de todos contra todos, clasificando los cuatro primeros para las semifinales y midiéndose en las mismas el primero con el cuarto y en segundo con el tercero, para luego enfrentarse en la jornada final los ganadores por el título y los perdedores por el tercer puesto.

Además, el certamen otorgaba tres plazas al Preolímpico de Neuquén y Tucumán a llevarse a cabo en agosto del mismo año, clasificatorio para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Por lo que ese cotejo por la medalla de bronce cobraba también una vital importancia.

Uruguay debutó con un claro triunfo sobre Chile, el rival más débil del hexagonal, por 112 a 69. Luego tuvo otro éxito, esta vez ante Venezuela, por 112 a 95. Proseguido por una cómoda victoria frente a Paraguay 117 a 83. Después le ganó a Argentina 81 a 77, más duro de lo previsto teniendo en cuenta que los vecinos rioplatenses no trajeron todo su potencial, pero se pudo ganar el clásico del Río de La Plata. El invicto acabó con una dura derrota contra Brasil en la última fecha, estando ya clasificados, por 89 a 63.

Con estos resultados la selección terminó segunda atrás de los norteños, mientras que venezolanos y argentinos acabaron terceros y cuartos respectivamente.

En las semifinales Argentina sorprendió venciendo a los brasileños 65 a 61 y en otro encuentro se midieron Uruguay y los caribeños.

Fue victoria para los dirigidos por Víctor Hugo Berardi, en un partido muy parejo, a diferencia del que habían jugado en la Primera fase, y se lo llevaron por 86 a 82 para lograr el primer objetivo: el pasaje al Preolímpico y por supuesto, llegar a la final.

La última etapa tuvo la imposición de Brasil sobre Venezuela 85 a 63, quedándose con la tercera ubicación y luego llegó el plato fuerte: el partido decisivo que además fue una nueva edición del clásico rioplatense.

Más allá de la paridad en gran parte del cotejo, casi siempre Uruguay estuvo arriba en el marcador, desde los cuatro minutos cuando pasó al frente por 10 a 9 nunca quedó atrás en el score, tras terminar 43 a 40 en el primer tiempo, un parcial de 46 a 34 en la segunda mitad terminó redondeando el triunfo por 89 a 74 para alcanzar el décimo título sudamericano.

Una vez finalizado el partido, se desató la alegría de todo el plantel y del público, que invadió el campo de juego para celebrarlo, todos entre llantos y abrazos. Se había ganado el torneo continental como local siendo el sexto en esa condición (1930, 1940, 1953, 1969, 1981 y 1995), con un sabor especial como siempre es vencer a Argentina y nada menos que por 15 puntos y rompiendo una racha de 14 años sin lograrlo. Sobraban los motivos para festejarlo.

Todo se veía reflejado en lo que dijeron los protagonistas, resaltando entre otras cosas factores fundamentales como la unión del grupo y el apoyo del público.

En declaraciones al diario El País algunos integrantes del plantel se manifestaron como el nacionalizado Jeff Granger, quién dijo que “cuando llegué aquí nunca pensé en esto y me considero un uruguayo más”.

En tanto Luis Eduardo Pierri, quién fue elegido el mejor basquetbolista del torneo no ocultó su alegría por el logro personal pero remarcó que lo fundamental es lo grupal.

Mientras que Diego Losada fue claro al resaltar que “cuando entramos a la cancha éramos más de cinco” haciendo alusión al público uruguayo que en todo momento mostró su apoyo a la celeste, concurriendo en gran número al Cilindro Municipal.

Y de esta forma todo el pueblo deliraba, el título se quedaba, no había lugar a que otra selección diera la vuelta en territorio uruguayo y una nueva copa iba rumbo a las vitrinas de la Federación Uruguaya de Básquetbol (FUBB), que el 19 de marzo de 2015 cumplió 100 años de existencia y que está llena de logros.

Y a su vez posee muchas glorias y los integrantes de esta generación tienen un lugar dentro de la historia: Juliano Rivera, Diego Losada, Luis Eduardo Pierri, Enrique Cativelli, Alain Mayor, Óscar Moglia, Marcelo Capalbo, Gonzalo Caneiro, Gustavo Szczygielski, Luis Silveira (único que aún se mantiene en actividad), Marcel Bouzout y Jeff Granger (nacionalizado) fueron los miembros de ese plantel y eran dirigidos técnicamente por Víctor Hugo Berardi, quién era asistido por Enrique Peretta.

Fue el último título Sudamericano jugando como local, ya que ocho años más tarde (2003) el certamen volvió a la capital uruguaya por última vez, pero no se pudo repetir la hazaña, acabando en el tercer lugar.

Tener en Uruguay esta clase de certámenes siempre es un gran atractivo pero hoy en día, en ese sentido, la realidad es muy clara y dolorosa. Tras la destrucción del Cilindro Municipal y la paralización temporal de las obras del Antel Arena, no parece cercana en el horizonte la chance de volver a organizar un evento de esta magnitud.

De hecho, y ante las demoras en la construcción del nuevo escenario deportivo, la FUBB ya renunció a la candidatura a ser anfitrión de la edición 2016, ya que los tiempos no dan para tenerlo en condiciones para cuando llegue el momento de que vaya la pelota al aire en el torneo continental.

No obstante, a 20 años de la última en casa, es un recuerdo que perdurará y quedará grabado para la rica historia del básquetbol uruguayo y todos los amantes de este deporte.