Trouville se quedó con la primera final, el juego que hizo el elenco de Pocitos fue exuberante pero no hay que asombrarse ya que a esto jugó todo el año.

Por algo superó todas las lesiones, Trouville no es un solo jugador, una figura, el rojo de Pocitos es un equipo, con todas las letras, así lo demostró a lo largo de toda la LUB y la noche de ayer fue una prueba fehaciente de esto.

Es que cuando las cosas no salieron volvió a contar con la jerarquía de Izuibejeres, la experiencia, el capitán, el encargado de poner las bolas claves y decisivas cuando las cosas no quieren salir, pero eso lo hizo en todo el año.

Eso no fue lo único porque Trouville ya acostumbra a ser intenso en defensa y más que explosivo en ataque con un juego bien claro. La pelota va a dentro porque sus internos –que los tuvo todo el certamen- siempre gravitaron, Colmenares se mueve bien en ese hábitat, es inteligente y fuerte para atacar el aro, pero Young rinde enormidad corre la cancha y coloca esas hundidas que hacen delirar a toda la parcialidad.

Pero cuando los pivots no pueden culminar las jugadas es donde nacen todos los fundamentos, porque la movilidad de bola con gran velocidad, pases firmes, sólidos, sin miedo, siempre encuentran a un jugador plantado que logra culminar, la mayoría de las veces con buen resultado con triples de Romero, Izuibejeres, Vidal y Bascou.

Este rendimiento no debe llamar la atención de nadie, Trouville jugó a lo Trouville, a lo que jugó todo el año, la idea se agranda porque Malvin venía de dos triunfos claves ante Hebraica pero el rojo de Pocitos dijo, acá estoy yo, voy a dar pelea.