Los cambios de extranjeros, así como cualquier otro cambio que sufre un equipo, afectan directamente el proceso grupal, tanto en lo social como en lo deportivo. Por este motivo, nos proponemos analizar esta variante bastante habitual, desde el punto de vista de la psicología de los equipos deportivos.

En los playoff hemos visto claramente que insertar un nuevo jugador no es fácil, independientemente del nivel de quien venga. Esto se da porque la llegada de una pieza nueva a un equipo (sea jugador o entrenador), hace que el proceso grupal vuelva a transitar por sus primeras etapas, a las que denominamos de formación y conflicto.

Durante estas etapas aparecen comportamientos más individuales, hay mayor ansiedad por no saber qué esperar del otro, surgen conflictos y resistencias, se dan polarizaciones y divisiones en subgrupos. Transitar por estas etapas es normal, para poder llegar a una etapa donde las relaciones se tornan más estrechas, hay mayor cooperación y roles más claros.

Además, cada jugador posee sus características personales y deportivas, y estas no siempre calzan a la perfección con la manera en que el grupo funcionaba hasta ese momento. A veces un cambio de extranjero implica cambiar drásticamente la forma en que juega un equipo, y es necesario que todos los jugadores se adapten a ese cambio. Aceptar un rol nuevo no siempre es fácil.

Como ejemplo, podemos notar como al insertarse Víctor Liz en Defensor Sporting, él absorbió mucho juego y dejó en roles menores a los acostumbrados a otros jugadores. Esto en sí no es un problema, si cada jugador y el grupo se adaptan bien.

Algo similar sucedió con el cambio obligado de Johnson en Atenas, y el corte de Chaney en Malvín, en donde el recambio obligó a tener que jugar de otra manera, ya que el grupo debe acostumbrarse a un jugador que le dará otras cosas, y para que el equipo siga funcionando los roles de quienes ya estaban deben ajustarse. Esto se puede hacer, siempre y cuando los demás jugadores tengan las condiciones y la voluntad de asumir el nuevo rol.

Por último, este proceso de adaptación tanto social como deportiva necesita tiempo. No hay una regla de cuánto, dependerá de las características del grupo, de cómo su líder pueda convencerlos, y de lo que haga el nuevo extranjero. Está claro que no cualquier jugador es para cualquier plantel, por mejor que sea.