La serie entre Hebraica y Macabi y Aguada marcó que el básquetbol es un deporte colectivo y que las figuras, por más buenas que sean, valen menos que un conjunto.

El básquetbol siempre fue un deporte colectivo, pero con el paso del tiempo el conjunto toma cada vez más trascendencia que las figuras individuales. Hay defensas combinadas, en zona o al hombre donde funcionan toda clase de estrategías para doblar, cambiar de hombre o atrapar constantemente. En ofensiva, los sistemas, el lugar que ocupe cada uno y el rol a cumplir en cada ataque es fundamental.

Cuando se tiene claro a que se debe jugar, se respetan los conceptos y se realiza un trabajo aceitado y duradero en el tiempo, es que se encuentran los grandes equipos. Eso es lo que pasa con este Macabi.

Analizando individualmente no quedan dudas que había más calidad individual en Aguada que en Hebraica, sin haber visto nada de la fase regular, resultaría dificil creer tamaña paliza del debil -en cuanto a nombres- del enfrentamiento.

Pero, durante toda la llave, la diferencia fue abismal, el macabeo jugó como un equipo, en todo sentido, y lo ganó desde lo basquetbolístico a lo mental, con grandes rendimientos de sus jugadores, pero con el concepto claro de siempre funcionar como conjunto. Con plena confianza en que cualquiera de los que entra puede definir una bola. Mérito de los jugadores y también de Marcelo Signorelli, que marcó diferencias desde la dirección técnica.