Para los clubes es muy difícil insertar nuevos extranjeros y para los foráneos adaptarse rápidamente a los equipos que los necesitan a tono.

En Playoff se dio la particularidad que tres equipos aspirantes al título incorporaron nuevos extranjeros: Malvín, Atenas y Aguada.

Si bien los tres viven realidades diferentes y no en todos los casos la causa del cambio fue la misma, a todos les pasó que le costó insertar a los foráneos.

A la hora de evaluarlos, el primer error parte del ambiente en general. Se pretende que un extranjero llegue y en un par de días sea figura, por calidad o palmarés, sin considerar que influyen aspectos extra básquetbol, como la adaptación al país (Clima, comidas, diferencia horaria, costumbres, etc).

En cuanto a lo básquetbolístico, la costumbre que más cuesta a la hora del partido es la forma de pitar de los jueces, lo cual no es una crítica ni un elogio, que quede claro. También deben adaptarse a la filosofía del equipo, a las jugadas, a lo que se pretende jugar y generar química con los compañeros. Nada facil.

Si bien, en general, son tipos que viven de esto –de ser trotamundos- debemos darle un mínimo de licencias para lograr esta adaptación. El problema es que, por lo que se juega, los tiempos son escuetos.

A favor de ellos corre el tiempo de espera entre partidos y el parate que volverá a existir más adelante en caso de que sus equipos avancen.

Brian Cook, Kennedy Winston y Jaime Lloreda son buenos jugadores, sin dudas. En ellos y en los equipos que defienden estará la meta de inculcares rápidamente la filosofía que pretendan para que se acoplen de lleno y puedan ayudar realmente a conseguir objetivos deportivos.