Leandro García Morales vivió un regreso ideal en un partido light donde pudo brillar para completar un retorno excelente.

Desde que se sumó la confirmación de la vuelta de Leandro García Morales, el ambiente del básquetbol estaba distinto. Todos jugaron para él, la dirigencia de Olimpia que llevó el partido al Palacio Peñarol sabiendo la repercusión que iba a tener el evento, porque la gente de Aguada estaba desesperada por verlo debutar en esta Liga.

Las horas previas hacían vivir el encuentro como una final, la mezcla de ansiedad e ilusión de la brava muchachada se palpaba cuando el reloj arrimaba sus aujas a las 21.15. Él llegó temprano al Palacio, como siempre, con su habitual costumbre, conjunto deportivo blanco, pantalón y campera a pesar de los casi 30 grados que ofrecía la tarde montevideana. Hizo todo con su profesionalismo característico, con esa rutina que nunca se olvida a pesar de los 199 días que estuvo sin jugar al básquetbol.

Fue de titular y tuvo la “complicidad” de Silveira, quien no pudo defenderlo de buena forma, colocó tres triples al hilo mostrando que la rodilla todavía no está al 100%, pero la muñeca está tan caliente como siempre. Fue jugando lapsos cortos, 3/4 minutos y salía a descansar.

El partido fue tan light, lo marcaron tan suave, que le dio para brillar a pesar de estar lejos de su mejor condición física. Olimpia no preparó nada especial para hacerle sentir la inactividad, los terminó llenando.

Jugó 21.37 minutos, colocó 24 puntos, 3 rebotes, dio 5 asistencias y perdió 2 balones. Mejor regreso imposible. Ya hizo ilusionar al pueblo, que lo sigue queriendo como siempre, contra Hebraica la historia va a ser distinta.