Diego Silva fue la gran figura de la final, el escolta metió 40 de los 68 puntos de Larrañaga siendo fundamental para el ascenso milrayita.

En el básquetbol se hace dificil destacar particularmente a un jugador sobre el resto, porque es un deporte tan colectivo que la influencia de todos es vital.

Pero es imposible no hacer una artículo referencia a la actuación de Diego Silva en el encuentro del sábado ante Auriblanco. Fue la gran figura de la noche, se puso el equipo al hombro en materia ofensiva, los números lo marcan a las claras, metió 40 de los 68 de su equipo, un asesino.

Más allá de esa cifra descomunal, cabe mencionar que tiró para 60 (6/9 en triples, 7/12 en dobles y 8/9 en triples). Le cambiaron la marca, lo tomó Gentini, Gastagnaga y Pochelú. Ninguno pudo con él. Contra la zona fue vital, la quebró con cuatro triples en el tercer cuarto.

Tuvo un cierre monumental de temporada, se agrandó ante las bajas, rindió en las difíciles y se convirtió en el líder basquetbolístico del equipo.

Para Silva fue el segundo ascenso consecutivo en la DTA, el año pasado lo logró con Olivol Mundial -junto a Federico Ledanis- siendo campeón.