Mateo Sarni fue el gran descubrimiento de la DTA, demasiado talento para sus 16 años. Tiene un potencial a desarrollar enorme.

Hace unos meses era un mero desconocido que, según cuentan, la rompía jugando al fútbol y que se destacaba en los cadetes de Larrañaga con la naranja.

Algún partido con los más grandes de juveniles y poco más en cuanto a experiencia tenía cuando empezó a practicar en el plantel mayor. Fue llamado a ser titular. El base, el responsable de ordenar a un equipo con compañeros mucho mayores que él, alguno incluso que lo doblaba en edad.

Fue de menos a más, ganó en confianza, se sacó ese miedo inicial que todo pibe enfrenta ante un mundo desconocido. De a poco le fue agarrando el gustito. Las bajas lo obligaron a cambiar de rol y nunca decepcionó.

Sus picos altos fueron en las series ante San Telmo y Auriblanco, descollante. No existen calificativos para describir tamaña actuación de un adolescente, que mientras se saca los últimos berretines de niño, juega a ser figura con los más grandes.

Tiene un potencial enorme. Ojalá pueda desarrollarlo. En breve comenzará a trabajar con las selecciones juveniles.

Este torneo lo hizo hombre, lo buscaron y siempre bancó, le pegaron y nunca arrugó. Cuando tuvo que tomar responsabilidades lo hizo. Ganó en personalidad.

A eso hay que agregarle que tiene una visión de juego monumental e inteligencia para ordenar y asistir. Fue mejorando el tiro perimetral, punto al que debe continuar haciendo énfasis. El físico y la defensa, son otros aspectos a mejorar en un jugador que está a años luz de su techo.

El crecimiento depende de él y las herramientas que le den para desarrollarlo. Bien trabajado, estamos ante un futuro clase A.

Sarni, sin lugar a dudas, fue la revelación del torneo.