Recién terminó las Formativas, pero hace años que es uno de los proyectos de Defensor Sporting. Estuvó en Selección, participó en Basquet Sin Fronteras y ha tenido minutos incluso en Liga Sudamericana. Es, sin dudas, uno de los aleros de mayor proyección, lo cual demostró en el pasado Torneo Sub 23, del cual fue campeón y figura. En “Promesas”, conversamos con Imanol Asaravicius.

Nombre: Imanol Asaravicius
Edad
:
19 años
Puesto
: Alero
Altura
: 1.95
Club
: Defensor Sporting

¿Cuándo y dónde arrancaste a jugar al básquetbol?

Arranqué cuando tenía 9 años, fue una iniciativa de mi padre que jugó. Nos mudamos cerca de Defensor y me dijo para ir a probar. Al principio me resistí un poco, pero una vez que empecé no lo pude dejar. Fue una adicción, amor a primera vista.

¿Qué Entrenadores tuviste que te hayan marcado en Formativas?

En Defensor a Santiago Canto, que creo que es uno de los mejores formadores de jugadores que hay en Uruguay. También tuve a Rodrigo López. Ya más grande tuve a Alejandro Glick, que ahora también lo tengo en Primera, y terminé las Formativas con Diego Castrillón. En la Selección también tuve al “Hechicero” Cabrera, que le tengo mucho afecto y me enseñó mucho, al igual que Marcelo Capalbo. Aprendí mucho de ellos en las Selecciones.

¿A qué edad decidiste que querías dedicarte ya como profesional?

Se fue dando solo. Cuando arrancas a jugar, participas en procesos de Selecciones, tenés la posibilidad de viajar. De a poco me fui dando cuenta que era lo que me gustaba y que podía llegar.

Mencionabas el trabajo en la Selección. ¿Qué te aportó eso?

Es otra cosa. Tener la oportunidad de viajar y ver lo que juegan otros equipos, como pasa a nivel Sudamericano con Argentina y Brasil, te das cuenta que si no te ponés firme y entrenas duro te comen. Es así. Se juega a otra velocidad, los errores se pagan, te demanda una atención constante que quizá jugando sólo los domingos acá no es tan necesaria.

¿Tuviste que hacer algún tipo de esfuerzos extra para poder llegar mejor?

Sí, es más que nada eso. Entrenar todos entrenan. El tema es lo que le ponés afuera de la cancha, los sacrificios que haces. Dejar de juntarte con tus amigos, estar lejos de tu familia, no tener verano, despertarte a las 8 de la mañana para ir a tirar porque es la hora que está libre la cancha. Son esas las pequeñas cosas que a la larga distinguen un buen jugador de un clase A.

¿Y hoy día como es tu rutina?

Me levanto a las 9 y voy a entrenar, entrenamos 9.30 a 11.30 por lo general. Después 3 o 4 veces a la semana hago físico, en general pesas. Y luego el entrenamiento de la tarde, después del cual nos quedamos tirando todo lo que se pueda. Como compartimos cancha con Bohemios a veces es complicado el tema de horarios, pero hasta que nos echan nos quedamos tirando.

¿Cuáles son tus principales características como jugador?

Hoy en día lo que me caracteriza más que nada, en Primera, es la actitud en defensa. Los minutos que tengo son para entrar a defender, y por lo general al jugador que está más encendido en ese momento. Estoy entrenando mucho lo que es el tiro, porque sin tiro hoy no podés jugar. Pero hoy día mi rol es más defensivo.

¿Cuáles son las características de un alero ideal para vos?

Te podría describir a Ginóbili, que creo que es un jugador distinto. Lee el juego de manera perfecta, no abusa del pique, tiene un dribbling excelente, tiene tiro, pasa, y además de todo, es un líder adentro de la cancha. Yo creo que con ese liderazgo se nace. Es un jugador que se nota la diferencia cuando está y cuando no.

¿A qué edad empezaste a jugar en Primera?

Mi primer entrenamiento tenía 15, la Liga que estaban Páez, Robby Collum, Chris Jackson. En esa Liga fueron mis primeras prácticas, a veces estaba y a veces no. Ya en la Liga siguiente estaba más metido, si bien rotaba en el plantel, entrenaba con más constancia.

¿Qué diferencias notaste con los entrenamientos de Formativas?

El tema de la intensidad, es otro ritmo. Y más en Defensor que no te dejan dormirte, tenés que estar todo el tiempo alerta y pronto para hacer cosas nuevas o pasar a los distintos métodos que ellos te dicen. También el tema del físico, eso es algo que yo me puse mucho en la cabeza. Cuando empecé a entrenar recuerdo que me ponían cortinas y era durísimo pasarlas, y yo, en mi rol defensivo, tenía que poder pasarlas. El cambio físico es notorio entre Formativas y Primera.

En esa transición hablabas de un cambio de rol, ¿cómo te resultó la adaptación a ese nuevo rol?

Es algo que te das cuenta enseguida. No creo que me haya costado adaptarme. Es cierto que mientras seguimos en Juveniles, los domingos Nacho Guerra y yo quizá somos los que tenemos más preponderancia en ofensiva, en Primera es otra nuestra tarea. Lo que uno quiere es ganar, y para eso hay que jugar para los jugadores que el equipo necesita. No es algo que me haya costado adaptarme, todo lo contrario.

¿Te acordás cómo fue tu debut en la Liga?

Fue con Cordón, en su cancha. Tenía 16 años recién cumplidos. Me temblaban las piernas, el corazón me palpitaba a 1.000 km/h, pero fue un momento divino. Lo que no estuvo bueno fue después la rapada, pero el momento fue increíble.

Hoy día, luego de recién terminar Juveniles, ¿cuáles son tus objetivos personales?

En primer lugar, terminar de afianzarme como jugador, lo cual lleva tiempo porque se necesita tener más experiencia. Quiero desarrollar mis capacidades al máximo, llegar a mi techo, sea cual sea.

¿Pudiste conciliar el tema estudios con el básquetbol?

Me resultó bastante complicado. Por suerte a los Colegios donde fui siempre me dieron su apoyo. Pero es complicado, yo estudiaba de mañana hasta la tarde, y entonces al entrenamiento matutino no podía ir. Pero con la voluntad suficiente se puede hacer. Luego en Facultad, estaba haciendo Economía, y el año pasado dejé porque estuve trabajando además. Pero este año voy a volver seguro, porque es algo que necesito, me di cuenta que me hace bien para el deporte el estudiar. Hay que ponerle cabeza y estructurar bien las cosas, pero está bueno.

Algo ya adelantaste, ¿cuáles son tus referentes en el básquetbol?

El mayor es Ginóbili, pero no sólo por lo que juega, que para mí está entre los mejores del mundo. Pero además, cuando uno lo escucha hablar, te das cuenta que tiene otra cabeza. Piensa de manera distinta a los demás. Está bastante metido con el tema de los jóvenes, siempre impulsándolos y motivándolos, contando sus experiencias personales. Y adentro de la cancha es un señor, hace lo que tiene que hacer, no se queja, es impresionante. Tuve la oportunidad de conocerlo en “Básquetbol Sin Fronteras” en Argentina, y tuve la fortuna de tener una conversación con él un día que llegué temprano. Él contaba las cosas que tuvo que sacrificar para poder llegar a donde está, fue una charla muy fructífera y que me sirvió como una motivación extra para poder lograr algún objetivo mayor dentro de mis capacidades.